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el mejor profesional

¿Cómo saber si el profesional que se busca es el que se necesita?
ya sea un coach, terapeuta o formador personal

1. Porque en primer lugar, se preocupa por su cliente. Por encima de su ego y envanecimiento, se pondrá en sus “zapatos” y empezará a trabajar mentalmente en dilucidar las maneras más efectivas de poder mejorar su situación.

En realidad no existe “el mejor profesional” sino aquel más conveniente según personas, momento y contexto.  Se trata de alguien que conecta con su cliente, le conoce bien, es habilidoso en ayudarle a descubrir por dónde va y qué es lo que quiere, le aporta exactamente aquello que necesita, logra ir directamente a las raíces o causas básicas de aquello que le hace sentir que su situación no es la óptima, la más eficaz o la más adecuada para él.

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2. En segundo lugar, su apoyo es eficaz. En los servicios personales profesionales precisamente lo único importante son los resultados, que el cliente experimente progresos y mejoras reales, perceptibles en su vida desde el primer momento. Y para lograr resultados es necesario adquirir los recursos necesarios.

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Puede que el enfoque o “intención” más apropiado no sea precisamente el buenismo de “ayudar” (puesto que pocas personas pueden emular valores tan elevados como el altruismo desinteresado de la Madre Teresa de Calcuta); su propósito -como buen profesional- debe ser que sus métodos sean útiles, convenientes y eficaces. Y sin efectividad, las sonrisas y las palmaditas en la espalda valen un poco menos que cero. No es algo nuevo saber que con las mejores “intenciones” se obtienen, la mayoría de las veces, los peores resultados; y que de buenas “intenciones” están los infiernos llenos.

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Las personas más evolucionadas que he conocido nunca las he escuchado mencionar expresamente sus valores de ayudar a los demás. Como bien dice el dicho castellano: dime de qué presumes y te diré de qué careces. En mis años de voluntario en la universidad, en España como en Estados Unidos, conocí a personas completamente ofrecidas a los demás, y justamente eran éstas las que menos alardeaban en público de sus elevados valores y de sus creencias. En todo caso, si lo hacían, lo decían de manera referencial, desde el sentimiento de no darse tanta importancia así mismos. Ellos simplemente eran, simplemente hacían lo que creían que debían hacer.

Un buen profesional ayuda a su cliente a encontrar alternativas y soluciones para reencuadrar la comprensión de su situación personal,  a ponerse en marcha para que descubra nuevas perspectivas y adquiera los recursos para resolver aquello que le impide ser eficaz. Se trata de adquirir las capacidades y habilidades necesarias para obtener lo mejor de uno mismo.

En suma, la función de este apoyo es ayudar a salvar el desajuste o distancia que existe entre el estado presente, lo que se tiene, y el estado deseado, lo que se quiere: conseguir una situación personal mejor, más exitosa, satisfactoria y equilibrada.

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3. En tercer lugar, proporciona un sincero reflejo de la realidad (sentido común).

No reparte pastillas de autoayuda, complicados conceptos academicistas,  ilusiones quijotescas, consejos motivacionales o palmaditas en la espalda.

Que no se dedique a adular el ego no quiere decir que no pueda reflejar otra perspectiva de uno mismo, para que cada uno por su cuenta encuentre sus verdaderos valores, su identidad, su esencia, el propósito de sus acciones. Así mismo, podrá proporcionar mayor discernimiento sobre aquello que se busca -quizás indebidamente-, y ayudará a que por uno mismo se pueda descubrir aquello que es lo más armónico, conveniente y ecológico para uno mimo.

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4. En cuarto lugar, no pone “etiquetas” -como dañina e inútilmente suelen hacer muchos “recetólogos”-; ¿de qué le sirve a una persona que conceptualicen y nominalicen “su problema” sin ofrecerle soluciones útiles y definitivas? La mayoría de profesionales se limitan a decirle a su paciente frases tan lapidarias como: -usted tiene un “brote psicótico indefinido”, “una depresión endógena”, “un problema de autoestima”, “una hipocondría crónica”, “una fobia social”, “una dependencia emocional no resuelta de su padre/madre”. Sueltan impunemente esta adjetivación y se quedan tan panchos. ¿Y cómo se va el paciente de la consulta? con la sensación de que es un enfermo, de que nada puede hacer más que soportar y arrastrar su pesada carga el resto de su vida.

Muchas veces la única salida paliativa que se aporta al paciente es la de atiborrarse de medicamentos. Si bien es cierto que en casos concretos el tratamiento médico es necesario según persona, momento y circustancia; no es menos cierto que en la mayoría de los casos no serían necesarias las pastillas si las personas contasen con el apoyo de un profesional para volver a tomar las riendas de su vida.

Y un apoyo profesional efectivo no consiste en ponerse horas y horascharlar, conceptualizar o “psicoanalizar” con “lógica” problemas emocionales, porque las emociones son “analógicas” (sin lógica), y como tales requieren de técnicas mediante las que el sujeto pueda acceder a recodificar o reprogramar experiencias vividas, sensaciones, imágenes, sonidos, tonos de voces, etc. Las emociones son algo más que palabras o contenidos digitales lógicos.

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5. En quinto lugar, no complica con extraños conceptos academicistas (o en su opuesto: místicos -que al fin y al cabo ambos tienen una similar eficacia a nivel subconsciente) que no más que ayudar, dificultan resolver algo en la práctica de la vida real.

Por ejemplo, una frase como: – “Usted tiene un dolor emocional”; pero, ¿y eso qué narices significa? ¿en qué me ayuda? ¿se puede quitar? ¿y cómo lo hago? Siendo como es el cerebro humano un órgano tan complejo, lleno de sensaciones, percepciones, experiencias, imágenes, sonidos, contenidos analógicos y digitales… ¿cómo es posible conceptualizar lo ocurre por dentro de una persona y saberlo a ciencia cierta?

Los procesos de cambio humano están en continua evolución, y etiquetarlos, nominalizarlos o adjetivarlos (por ejemplo, con la horrible palabra: “depresión”) supone convertirlos en algo estático, rígido, inflexible e inamovible. Y esto es muy peligroso, porque cierra las puertas que permiten abrir la posibilidad del cambio y de encontrar nuevas alternativas. Poner una etiqueta es peligrosamente sencillo (- eres tonto, eres raro, eres un incapaz…) eliminar la suciedad del pegamento que queda en la ropa al intentar quitársela a veces supone un esfuerzo que es tela marinera.

En la otra punta opuesta al academicismo cientifista (psicoanálisis), se encuentra el místicismo ilusionante (tarot, horóscopos, sectas…), la motivación sensacionalista (charlas de gurús sobre inteligencia emocional o liderazgo) o las sensiblería auto-condescendiente (películas, teatro, revistas femeninas, gran cantidad de libros de autoayuda…): en muchas ocasiones, lo uno como lo otro acaba siendo comidas de tarro que no permiten llegar a ninguna conclusión útil ni duradera.

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6. En sexto lugar, porque al lograr conectar se forja una relación profesional confidencial basada en la confianza. No todas las personas son compatibles entre sí, ni los mejores comunicadores pueden caer bien a todo el mundo. Profesional y cliente deben formar un buen equipo para trabajar juntos en cómo encontrar soluciones y aplicar las técnicas más eficaces para diversas situaciones.

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7. En séptimo lugar, porque enseña a pescar, no se limitará a dar peces. Su labor fundamental es ser un medio para descubrirlos recursos y  estrategias que le permitan a uno ser autónomo lo más pronto posible. Nada de dependencias emocionales.

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8. En octavo lugar, destrás de su metodología existe un importante conocimiento técnico. La técnica es fundamental, sin experiencia empírica cualquier intento de facilitación del cambio es pura arbitrariedad. La técnica hace posible el arte.

Los conocimientos y avances técnicos sobre pinturas, lienzos y colores, permitieron a los grandes pintores del Barroco y del Renacimiento crear nuevas metodologías en el uso de uso de óleos, paneles dorados, sfumatos… y así poder crear un nuevo arte.

Por supuesto, no todos los pintores que conocen las técnicas llegan a ser buenos artistas… de hecho, la mediocridad suele ser, tristemente, lo que más abunda.

Las técnicas de PNL, la metodología de coaching con PNL, la terapia estratégica de la escuela de Palo Alto (La mental research institute y la Universidad de Standford de California), algunas técnicas de meditación orientales, el Eneagrama o la hipnoterapia Ericksoniana son potentes herramientas para el cambio humano. Sin embargo, pocos son los pintores que conocen bien las técnicas; y muchos menos son aquellos que crean verdaderas obras de arte. El problema es que la pintura es algo tangible y fácilmente evaluable; sin embargo, y los cambios de percepción y de emoción de una persona no son tan visibles o vistosos a los ojos de otros. También existe el problema de la hipocresía: un artista difícilmente poduede fardar o engañar sobre la calidad de sus obras de arte; sin embargo,  los profesionales de la formación, el coaching y la terapia pueden saber inflar bastante bien el valor de sus servicios.

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9. En noveno lugar, un sentido estratégico de la profesionalidad que distingue entre proceso y contenido. previamente comentado en el apartado de proceso y técnicas

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No hay dos profesionales exactamente iguales

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Todos sabemos que no lo mismo tener a un profesor u otro impartiendo la misma materia en un colegio o en una universidad: hay profesores peor y mejor preparados, profesores que llegan a los alumnos y otros que nunca consiguen transmitir los aprendizajes clave de la materia en cuestión –quizás, porque ni ellos mismos los conozcan–.


Como en todas las profesiones dedicadas a los servicios personales, hay charlatanes, vendedores de crecepelo, vanidosos e hipócritas –que suele ser lo que más abunda–, pero también existen auténticos profesionales que realizan su trabajo con elegancia y eficacia –tristemente, lo que menos se encuentra–, y éstos suelen ser personas humanistas, evolucionadas, equilibradas, de amplios conocimientos técnicos y con mucha experiencia.


No hay dos coach, formadores o terapeutas iguales: los mejores son aquellos que aportan a las personas estrategias y modelos que puedan integrar y utilizar de manera autónoma.


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Consciencia y discernimiento de lo que es la realidad

Gran parte de los argumentos academicistas de psicología, contenidos de muchos libros de autoayuda o charlas sobre inteligencia emocional acaban siendo comidas de tarro, cientifismos, sensiblerías, perogrulladas que crean diálogos internos inútiles con ideas y conceptos que intentan describir una visión de la vida que -en la mayoría de los casos- no es lo que precisamente necesita la persona que los escucha, según su situación particular, momento y personas con las que se relaciona. En general, tristemente suelen acabar haciendo más mal que bien a mucha gente, porque acaban como el Quijote de la Mancha después de leer tantos libros de caballerías: alucinando, distorsionando y perdiendo el sentido de la realidad, creyendo que los molinos son gigantes.

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Confía en tu intuición, pero mantén un sano escepticismo: coge del profesional en que te apoyas únicamente aquello que te sirva y te sea útil, pasa por tu propio filtro toda idea que te quieran transmitir, y solo acepta aquello que previamente haya pasado por tu experiencia.

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Las personas que que se dejan llevar por su emotividad son las más fáciles de influenciar y manipular. Quizás el autosabotaje o auto manipulación más común se dé en aquellas personas que se lo creen todo o las que no creen en nada, puesto que la no creencia no existe. Y como la naturaleza aborrece el vacío, la falta de términos de referencia en una cuestión acaba siendo cubierta por cualquier idea adquirida de manera arbitraria.

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Quizás por eso las personas que siguen ciegamente a “gurús”, caen en manos de sectas o grupos de ideologías extremistas, personas que pasan meses y años acudiendo a una consulta psicológica, tengan el denominador común de carecer de una sólida estructura de valores y de una mente flexible, abierta y bien amueblada, es decir, de una mayor consciencia de sí mismos y de la realidad. Para lograr ésto necesitan un buen entrenamiento, una buena orientación, una filosofía práctica, una puesta en acción de técnicas y habilidades…

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La importancia de la coherencia

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También nos encontramos con otra realidad importante que muestra un profesional de la capacitación personal y profesional: su coherencia.

Existe incoherencia cuando se ve una contradicción entre lo que una persona dice y lo que realmente hace; entre lo que quiere aparentar ser y lo que es en realidad.

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Entonces, ¿de dónde viene la madurez?

La madurez no es ni más ni menos que vivir de manera coherente con uno mismo; ser sincero y no autoengañarse -lo primero-; y no querer dar una imagen irrreal de uno mismo a los demás, o intentar manipular. Esto es posible en aquellas personas que previamente han pasado cuentas de sus pasiones y vicios humanos, y están en alerta constante de sí mismos: son más conscientes, flexibles y sabias.

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Un profesional coherente es consciente de que su trabajo, aunque valioso, tiene sus limitaciones: que por muy bueno que uno sea, en esta vida nadie es imprescindible; que cada uno somos una pequeña pieza del gran engranaje que es la sociedad; y que todo trabajo o profesión tiene su valía. Por ende, a un coach lo único que se le pide es que sea -ante todo- eficaz, al igual que la sociedad lo único que pide a un jardinero es que mantenga limpios y cuidados los parques o a un médico que cure a sus pacientes. Así pues, el acento se pone en que las personas y las cosas salgan adelante.

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Coaching Personal con PNL
Madrid - Burgos - España